La extinción

Nacho Valdés

La ciencia nos explica nuestra caída, como ecosistema global, en una extinción masiva que afecta a miles de especies en nuestro planeta. Es evidente que la acción humana empuja esta deriva que terminará por afectarnos de manera definitiva. Todavía, no obstante, hay quienes guardan energías para la negación del fenómeno o para el desarrollo de una fe (de origen ilustrado) confiada en la acción de la ciencia y la tecnología para salvar este escollo climático. Este ciclo se antoja dilatado para la mayoría de urbanitas o individuos ajenos a la actualidad científica, pero ya podemos sentir las consecuencias de este proceso.

Al igual que en un entorno natural, nuestras instituciones se encuentran subsumidas en fases de cambio y alteración que traen consigo la desaparición de figuras, instituciones y demás instrumentos de intervención social. Por poner un ejemplo, el feudalismo como modelo organizativo cayó en declive y acabó aniquilado gracias a la pujanza de los burgos y las nuevas clases sociales vinculadas a insólitas formas de organización de los recursos. Pues, no nos llevemos a engaños, el ascenso o caída de cualquier grupo social se acompasa con el reparto de las riquezas y, por supuesto, la distribución del poder asociada a la pujanza crematística.

Pueden entenderse las distintas comunidades como conformadas por grupos antagónicos en concurso por la dirección colectiva. El objetivo se encuentra en acaparar el mando y la distribución de las prebendas. Por esta vía alcanzamos a entender el devenir de la colectividad desde el prisma marxista del materialismo histórico en el que la infraestructura condiciona una superestructura orientada al mantenimiento de la organización infraestructural dominante. Por este motivo, las transformaciones se supeditan a las mudanzas materiales, siempre condición para la consecución del dominio, pues sin esta posibilidad es difícil que se produzca una metamorfosis superestructural que trastorne la visión colectiva de la comunidad. En otras palabras, la acumulación de poder, siempre dependiente de las posibilidades materiales, condiciona todo componente ideológico para de este modo establecer un nuevo paradigma tácitamente aceptado por la mayoría.

Desde otra perspectiva de la filosofía de la historia representada por Koselleck en su Historia conceptual, podríamos destacar el uso del lenguaje y la conceptualización para establecer la divisoria entre amigo y enemigo en el seno comunitario. Gracias al desarrollo de una catalogación semántica, a la cual podría aplicarse el método genealógico, es posible establecer un repaso intelectual para dilucidar los hitos acontecidos a lo largo de nuestro desarrollo cronológico. El concepto, como término cargado de contenido teórico y dotado de un carácter intencional, nos descubre las ondulaciones establecidas en los ciclos sociales conducentes a la aparición y desaparición de los componentes insertos en lo político. Volviendo al ejemplo del feudalismo nos topamos con la noción de burgués aparecida en la Modernidad. Estos habitantes de las ciudades, frente al poderío de los señores del ámbito rural, significaban la progresía y el avance en oposición a la imposición arbitraria del modelo previo. En los albores modernos este componente podría entenderse como el opuesto al nobiliario y, por este motivo, como motor del cambio social. No obstante, no tendríamos que esperar demasiado para comprender el concepto como peyorativo y regresivo desde la óptica marxista. O lo que viene a ser equivalente, en poco tiempo el burgués cambia su posición antitética y se muestra como la tesis a la que batir para lograr el avance, aunque no se sepa bien hacia dónde.

Quedan claras las alternancias, mutaciones, progresos y regresiones acaecidas en la esfera de lo público. Cualquier filosofía de la historia, como las dos mencionadas, aspira al desarrollo de un sistema para comprender el mecanismo en virtud del cual se producen estos saltos en la colectividad. Empero, también se producen marasmos incomprensibles para prologar usos anacrónicos y obsoletos. Y, en este sentido, no hago únicamente referencia al folclore o a tradiciones populares, pues en la segunda década del siglo XXI nos tropezamos con la revalorización de instituciones como la monarquía. De hecho, y tras superar períodos de escasa popularidad, este ente presente entre nosotros desde los tiempos feudales que han servido como ejemplo, sigue gozando de una excelente salud en aquellos territorios en los que se mantiene su ascendencia y presencia.

Ejemplos paradigmáticos los podemos encontrar en España y Reino Unido, modelos monárquicos en los que se puede detectar la filia popular hacia el simbolismo alegórico representado por las dos familias regias. La monarquía hispánica puede comprenderse desde la perspectiva borbónica como un alboroto de traiciones, líos de faldas, prevaricación y tráfico de intereses que llega hasta nuestros días. No hay que olvidar la ausencia del rey emérito y su negativa a ofrecer explicaciones ante sus desmanes de todo calado. Por su parte, la monarquía inglesa representa (de manera paradigmática en la figura de la difunta Isabel II debido a sus siete décadas en el trono) los atropellos coloniales y el expolio de los territorios ultramarinos para cimentar un imperio global como antesala del libre mercado internacional. Resulta, por tanto, sorprendente la resiliencia mostrada por las coronas presentes en Europa. Con independencia de resultar exponentes del pasado y de modos regresivos y desfasados, se resisten a la extinción logrando, por cierto, nuevos acólitos y respaldo social. No deja de asombrar un fenómeno absolutamente incomprensible que bien podríamos insertar en el prodigio de la cultura kitsch actual; otra herramienta adicional para provocar el adocenamiento colectivo.

3 Comments

  1. Nunca he terminado de entender por qué a ciertos reyes se les exige actitudes y comportamientos que no se les exige a otros que no son hidalgos. Es como asumir, que los de las castas más rastreras, están condenados a actuar según sus rastreros principios, pero que los reyes, deben dar más.
    Yo lo entendería si fuera al revés: si a los zarrapastrosos se les exigiera intentar aprender de los reyes, pero resulta que no. Que se asume que los ladrones son ladrones.
    Es como el chiste del escorpión.

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  2. Si, no deja de sorprender la vigencia de esta institución la Monarquica-democratica, o sea reglada por la Constitución. Pero no deja menos aun ver la vigencia de los Estados autoritarios que son seguidos por más personas aun que las de Reino Unido o España, me refiero a China y Rusia. ¿Como es posible aún que 1000 millones de personas sean guiadas por 25 millones de funcionarios chinos y esten atrapados en es fantasgorica ilusion de Estado nacional autoritario. Y menos aun los rusos que detectan que algo no funciona. Con lo cual «las masas» que bonito palabro, siguen atrapadas en modelos autoritarios, o democraticos (de los cuales las dos Monarquias mencionadas las incluiriamos en la democracia). Lo cual no quita que algunos quieran sustituir el lujo, la grandeza y el oropel del entierro por un presidente estilo Macron. Saludos nacho.

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    1. Seguro que ya te has percatado de que el ínclito Putin, pretende ponerse a nivel de un Zar.
      Cualquiera de sus discursos podría, perfectamente, haberlo firmado Hitler, Franco, Mussolini o Trump. El truco está en usar las palabras clave.
      La diferencia es que en democracia, cualquier imbécil puede decir lo que quiera, pero en Rusia, China y demás fascismos, al que levanta la cabeza se la cortan. Puede que haya muchos rusos que se hagan muchas preguntas, pero es que Siberia es muy grande y hace frío y prefieren callar. De momento.
      Y para mantenerles callados habrá que darles carnaza. Y ahí entran las palabras clave: patria, amenaza, agresión, territorio, independencia, ellos, nosotros, etc.
      Resumiendo: según Google las mayores búsquedas que se están dando ahora mismo es «cómo salir de San Petersburgo o Moscú».
      No se conocen datos similares ni de España ni del Reino Unido.
      Yo, casi cada día, veo coches (de alta gama) con matrícula de Ucrania, Polonia, Estonia o Finlandia.
      De una democracia se sale. De una dictadura…es más difícil. Nosotros lo hicimos y nos han metido de nuevo.

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