El supositorio.

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Recuerdo cuando era niño que mi padre – que estudió 4 años de medicina hasta la guerra civil -, en cuando caía enfermo víctima de la inflamación de las anginas, – que era mi punto débil -, la solución era usar antibióticos. En aquellos años las formas disponibles para tales usos no eran tan variadas. Estaban las inyecciones y los supositorios. Se ve que, por alguna extraña razón, a los científicos les había dado por atacar al enemigo por la retaguardia, lo cual – dicho sea de paso-, era – y es – enormemente desagradable. Dependiendo de la gravedad del asunto, de la fiebre y de otros aspectos a considerar, mi padre decidía una u otra alternativa. Sin duda alguna, aunque la inyección en sí no me dolía el pinchazo, lo que dolía era la introducción del líquido en el glúteo. Así es que, aunque fuera un mal menor, si se podía usar el supositorio, mejor.

Llevo un tiempo reflexionando acerca de cómo se asemeja el tipo de vida al que nos están avocando, a la técnica del supositorio, solo que esta vez, no estamos enfermos, aunque estén intentando convencernos de que sí. Me explico.

Primero fue el COVID19. A través de dos decretos del gobierno – ambos declarados ilegales por el Tribunal Constitucional – se encerró a todos los españoles en sus casas y se obligó a cerrar empresas, negocios, industrias, etc. bajo la amenaza permanente de sufrir severos castigos. El movimiento de las personas estaba limitado y vigilado por las autoridades, lo que no impidió que muriesen cientos de miles de personas. Un número deliberadamente ocultado por el gobierno.

Todos recordaremos las imágenes emitidas hasta el hastío por todas las TV’s, de agentes de las policías municipales deteniendo – incluso con fuerza – a aquellos que habían desafiado el encarcelamiento.

Un servidor tuvo que explicar al gentil municipal que me detuvo en el coche, por qué iba a un supermercado y no a otro más cercano a mi domicilio.

Todos recordaremos la profusión y la publicidad del hecho de que Rajoy saliera a dar un paseo. También recordamos todos – o algunos – que la entonces ministra de educación se subió a un avión para ir a su lugar de residencia en Bilbao, aduciendo que tenía cita con el médico; o a la inefable Carmen Calvo, que aprovechó el encarcelamiento para ir a inaugurar no sé qué, a doscientos metros de su casa en Córdoba. Y así, varios miembros del Consejo de ministros, quienes, al parecer, eran inmunes al virus por razón de su cargo. Por supuesto, el nivel de publicidad de estos hechos quedó reducido a la “prensa canallesca”.

Después de la sentencia del TC, todas las multas que se impusieron – decían más de un millón – a los supuestos infractores, quedaron sin valor alguno – incluida la de Rajoy-. Entonces los que tenían el problema eran los que sí abonaron la multa.

El virus no se ha ido y no se va a ir jamás. Vino para quedarse y de paso para hacer más ricas a las empresas farmacéuticas.

Una vez que las medidas ilegales de encarcelamiento se han visto eliminadas, la sensación general ¿debería ser de agradecimiento a quien ha actuado de carcelero? ¿Deberíamos estar agradecidos a quienes han decidido que van a dejar de asesinarnos? ¿Deberíamos darle las gracias a ETA por dejar de matar? Por este mismo razonamiento, ¿deberían los judíos agradecer a Hitler que no fuera capaz de asesinar a más inocentes?

La libertad que tenemos ahora ya nos pertenecía antes y, por tanto, no nos sentimos en deuda con nadie por el hecho de que nos la devuelva. Además, nos asiste el derecho y la justicia al exigir que, si nosotros estamos encarcelados, los miembros del gobierno, al menos, deberían hacer lo mismo. Si no, la impresión podría llevar a engaños.

La vida ha vuelto a la normalidad. Ahora podemos ir al cine, al teatro, de vacaciones, viajar. Todos felices. Pero la técnica del supositorio, sigue actuando. Poco a poco, poco a poco, hasta conseguir sus objetivos.

No hace mucho hemos asistido al penúltimo esperpento mediático de otro miembro del gobierno, cuando afirmó públicamente que los españoles deberíamos comer menos carne roja y que la industria porcina era contaminante y sus productos de inferior calidad a los extranjeros. Esto, dicho por un ignorante, tiene un pase; dicho por el ministro de Consumo, no. Sobre todo, si, a continuación, se le fotografía poniéndose ciego de jamón 5 jotas, un buen entrecote y un buen vino, que también sugirió que los españoles deberíamos beber menos.

Es decir, continuando con la política del supositorio, primero se nos prohíbe salir de casa para después, “concedernos” nuestra propia libertad. Pero el paso siguiente es deslizar lo que deberíamos comer.

Pero el supositorio, sigue avanzando como una taladradora haciendo túneles.

Ahora, el siguiente paso es el de obligarnos a hacer un uso de la energía, supuestamente eficiente. Para ello, una vez más, el gobierno emite un decreto – 124 decretos en cuatro años – sin haber establecido ningún diálogo con absolutamente nadie, desconociendo la problemática de cada tipo de negocio, ignorando las enormes diferencias climáticas que existen en España y obligando a todos a establecer una temperatura elegida al azar que no satisface a nadie y que, además, los expertos, los de verdad, aseguran que no va a servir para nada. Y todo ello, al mismo tiempo que se da por hecho, que al igual que pasó con el encarcelamiento, ninguno de los miembros del gobierno va a padecer los rigores de este verano, ni el Audi 8 blindado – estuvo el coche dos horas en marcha mientras Pedro Sánchez hablaba con el Rey en Mallorca, para mantener fresquito el coche – ni el helicóptero Súper Puma, ni por supuesto, el Falcon.

Tal vez, si a nuestro ínclito presidente no se le hubiera ocurrido la feliz idea de provocar a Argelia, – nuestro principal proveedor de gas desde hace 50 años-, no habría tenido como consecuencia la rotura de relaciones económicas y la notable disminución del gas suministrado por dicho país. Ahora, para más inri, compramos más gas a Rusia que antes de la guerra. Al parecer, la culpa del aumento del precio del gas, la tiene Putin y la tenemos los españolitos, y por eso ahora tenemos que pasar calor en verano y frío en invierno, en justo castigo por nuestra perversidad.

Pero la cosa no termina ahí. Siguen apretando el supositorio más y más adentro.

Ahora también nos van a decir lo que tenemos que recordar, mediante la imposición de la llamada Ley de Memoria Histórica, un engendro tan infumable como las Leyes de Nuremberg, que pretende servir como instrumento manipulador para generaciones futuras – y algunos analfabetos de las actuales – y obliga a revisar los hechos históricos que afectan EXCLUSIVAMENTE a los socialistas y a sus socios de investidura y de gobierno. No me extrañaría nada, que, gracias al apoyo de los etarras de Bildu, a partir de ahora ETA aparezca como un movimiento liberador de la opresión españolista, cuando históricamente, el País Vasco ha sido siempre una región mimada en cuanto a inversiones empresariales e industriales.

Esta nueva agresión a la libertad no deja lugar a dudas en cuanto a sus objetivos:

“Yolanda Díaz por las claras: «La nueva ley de Memoria reescribe la historia de España»” (OKDIARIO – 14/07/2022)

“Sánchez castigará según su «capacidad económica» a quien viole la Ley de ‘Memoria’” (OKDIARIO – 11/08/2022)

Y mi preocupación es: ¿Y qué va a ser lo siguiente? Porque a este paso, el supositorio nos va a llegar a las amígdalas.

©  Carlos Usín

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