CONDUCTA SUICIDA by Ana P. Vives

Para entender la conducta suicida debemos ampliar nuestra perspectiva y no contemplar el suicidio solo desde la problemática personal sino que su sentido se construye en el orden cultural y simbólico en el que está inmerso. Lo vemos plasmado en el destierro que era un acompañamiento tradicional de la vergüenza, en las sociedades primitivas el destierro equivalía a la muerte siendo la base del rechazo y el fracaso. Cuando nuestro Yo se encuentra en peligro y se siente abandonado por los poderes de los que depende como los vínculos afectivos se deja morir, es la misma situación que se produce ante la separación de la madre protectora, resurge el sufrimiento narcisista por el derrumbe de la ilusión de omnipotencia. 

Existe un estado que es la melancolía donde se produce una pérdida del propio Yo, es un estado parecido al duelo, donde se vive un profundo dolor con la desaparición del interés por el mundo exterior, disminución del amor propio y perturbación de la autoestima. 

Es el sadismo vuelto contra uno mismo lo que nos permite entender la tendencia al suicidio que caracteriza a la melancolía. En la depresión severa la desesperación produce que la voluntad de vivir se pierda, pero en lo mas profundo incluso el acto de suicidio no es posible debido a la falta de energía, paradójicamente cuando la persona sale de la apatía grave de la depresión y gana más ánimo, es capaz de autolesionarse, donde la fase de depresión agitada surge y con ella la energía suficiente para quitarse la vida existe.

La pérdida de la esperanza y la voluntad de vivir junto con la depresión severa que le acompaña con frecuencia se produce en personas solitarias o aisladas, también pueden ser ancianas o personas que han pasado por un agotamiento psicológico intenso como un divorcio, un desastre financiero, la pérdida de un ser querido o el proceso de duelo.

La muerte para estas personas puede ser vista como una atracción, identificándola con el fin del sufrimiento, debemos ver el suicidio como un acto de desesperación donde se ha perdido totalmente la esperanza, sin perspectiva no hay recorrido posible.

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1 Comment

  1. En primera persona haré una reflexión al respecto: la condición de suicida no es innata, sin embargo, a fuerza de la inducción durante la etapa infante, se ha encallado en nuestro ser haciendo burla de la simplicidad de su huésped. Condición que fue otorgada por genitores inadmisibles. Una vez instalada la pulsión muerte, habrá de perpetuar convicciones horrorosas: el horror más abismal tiene que ver con lo que nos es ajeno pero se forjó a regañadientes en un latido tortuoso que, en su cepa insaciable, nos absorbe como el almohadón de plumas hubo de absorber a Alicia. La agonía del suicida es indescriptible.

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