POR SAN BLAS, LA CIGÜEÑA VERÁS…; COMO ELLA, LOGRAREMOS RESISTIR.

By Mercedes G. Rojo

Con todo lo que viene sucediendo últimamente en torno al mundo de la cultura, tras casi un año de pandemia, y sufriendo los azotes de ésta más allá de lo que a la salud implica, he de confesar que he estado a punto de dedicarle mi artículo de hoy al tema “La pandemia y la cultura”. Pero también es cierto que estaba demasiado enfadada para ello, harta de que todo el mundo la utilice como excusa para darle la espalda a un sector que desde el principio se ha volcado y sacrificado para mantener a flote los ánimos de la gente y no he querido ponerme demasiado ácida con el asunto. Por ello decidí darme un respiro, “contar hasta cien” como suele decirse y tomar distancia, cosa que siempre consigo al volante de mi coche dejando que las carreteras de Maragatería trascurran bajo las ruedas mientras me envuelve un paisaje que siempre logra devolverme la calma.

En otras circunstancias, a estas alturas del año, ya es más que habitual encontrar caminando por sus orillas a los primeros peregrinos a Santiago, pues la comarca está atravesada por un importante tramo del conocido  Camino Francés, máxime si se trata de un año compostelano como el que nos ocupa ( y que por cierto, y de manera excepcional, la Santa Sede ha prorrogado hasta finales del 2022); pero este pasado martes, día de mi escapada, no me encontré a ninguno a lo largo de mi recorrido, y eso que la hora era propicia para ello. Estragos sin duda de este coronavirus que nos persigue impenitente desde hace ya casi un año y que mantiene cerradas las fronteras de la mayor parte de nuestras provincias.

Quizá fuese esa ausencia de tránsito humano (creo recordar que durante el tiempo que duró mi escapada solo me topé con otro vehículo y con ninguna persona a pie ni siquiera en los diferentes pueblos que atravesé) la que me permitió disfrutar de una presencia animal ajena a lo doméstico que me devolvió a esa infancia llena de relatos, de refranes, de canciones,…, de tradición oral en suma, en la que muchos de los protagonistas eran  los propios animales. Mi primer encuentro fue con un zorro, un animal con el que ya hacía años que no me topaba, en una actitud –la suya- tan de quietud. Lucía hermoso; acababa de atravesar la desierta carretera por la que yo circulaba y se paró por un momento observándome descaradamente. No puedo calcular el tiempo que podría tener pero portaba una hermosa y larga cola que extendía tras de sí en una longitud casi igual a la de su propio cuerpo; las orejas puntiagudas y enhiestas le daban ese aspecto de observador inteligente que ha hecho que la tradición lo haya considerado desde siempre un animal astuto. Parecía observarme  dominando el terreno con su presencia y cuando frené el coche con intención de contemplarlo más detenidamente se dio media vuelta y desapareció sin prisa entre el follaje.

Continuando trayecto, unos metros más allá, dos cigüeñas cruzaron ante mí en dirección opuesta a la del zorro en un vuelo tan bajo que tuve la sensación de que si hubiera circulado a más velocidad me las hubiera llevado por delante. Volaban muy juntas y llevaban algo en sus picos lo que me hizo pensar que ya habían iniciado el proceso de reconstrucción de su nido, recién llegadas de tierras africanas. Me vino a la cabeza la fecha que era. Al día siguiente, sería el día de San Blas y los refranes de mi tierra comenzaron a acumularse en mi cabeza: “Por San Blas, la cigüeña verás /y si no la vieres mal año tuvieres”. O aquel otro de “Por San Blas, la cigüeñas verás/y si no la vieres año de nieves”, incluso algunas variantes más, pues según la zona, así el refrán. (¡Qué curioso! Con lo refraneros que hemos sido siempre en esta tierra y hace bien poco mi hija, que ahora vive en otra comunidad por motivo de estudios, me decía que en otros lugares limítrofes -al menos entre la gente de su edad- la mayoría ni siquiera sabe lo que es un refrán).

Tras los refranes me vinieron a la mente otros aspectos de la cultura popular relacionados con las cigüeñas, con las cigüeñas y el amor, por ejemplo. Muy propio en un año en que su llegada casi coincide con el “Día de los enamorados” porque, son estas aves símbolo de la fidelidad, animales monógamos que se emparejan (aunque también hay alguna excepción) para toda la vida, que construyen un nido juntos al que pueden regresar por varios años seguidos. Y del amor, a la maternidad y a esta tradición que las convertía en responsables de traer los niños al mundo, porque “a los bebés los traen las cigüeñas”, no venían de París como luego nos proponían influidos por el mundo del cine; o como mucho llegaban desde París, colgados del pico de las cigüeñas. En cualquier caso las cigüeñas han vuelto como si de una señal de la “resistencia” y la “protección” que también simbolizan se tratara. Como nosotros tratamos de hacer frente a este virus que ha puesto todo nuestro mundo patas arriba, y de protegernos ante su afán protector.

Y ¡qué curioso!, porque hablando de encuentros con animales he acabado volviendo a la cultura; y es que, al fin y al cabo, todo es cultura; tradicional, pero también clásica, porque los animales han estado presentes en todas ellas desde el principio de los tiempos, transmitiéndonos, a través de su simbología, enseñanzas, valores, misterios…

Cuando mi corto viaje llega ese día a su fin reparo en esos imprevistos encuentros que el mismo me ha deparado con animales con una fuerte carga poética, literaria y cultural. Curiosamente han sido tres: el zorro y las cigüeñas con las que físicamente me he topado, pero también un tercero del que en un momento determinado del viaje hablaban en la radio, el oso, del que se han encontrado evidencia de huellas recientes por algunos puntos de los bosques junto a los que venido circulando. Naturaleza y cultura, que han conseguido calmarme el mal humor con el que ha comenzado el día, y transmitirme la seguridad de que a pesar de todos los palos que nos pongan en el camino, la cultura renacerá de sus cenizas como el ave fénix, porque es ésta, que nos acompaña desde los primeros pasos de la humanidad, la que nos hace ser mejores personas y superar la adversidad. Así que ¡seguiremos dando “guerra”!, cultural ¡claro!

León, 3 de febrero de 2021

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ana Piera dice:

    Los dichos y refranes tienen una riqueza inmensa de sabiduría popular. Más allá de eso, la vida natural nos da esperanza, la vida sigue y se arreglará. Muy bonita reflexión. Saludos!

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