El cambio climático nos atropella: ¡haz algo! by Javier Salazar Calle

Los últimos acontecimientos del volcán de La Palma me han hecho pensar en la película El día después de mañana del directorRoland Emmerich que salió 2004. En ella, el calentamiento global provocado por el hombre desencadena un catastrófico cambio climático que hace que el hemisferio norte se congele. Al final la gente de los países ricos tiene que huir hacia el sur. Desde Norteamérica hacia México, desde Europa hacia África…

Dos razonamientos diferentes surgen de esos pensamientos: que el hombre sigue pensando que puede hacer lo que quiera sin que tenga ninguna consecuencia y que la Naturaleza acabará con nosotros cuando se vea demasiado amenazada.

Parece que ahora sí que empieza a haber un movimiento de concienciación sobre lo que estamos generando y cómo podríamos pagar las consecuencias y si hay alguna forma de evitarlo. Un gran hito fue la firma del Protocolo de Montreal en 1987 para evitar el deterioro de la capa de ozono recortando el uso de hidrofluorocarbonos (los famosos CFC). Ahí le vimos los cuernos al toro y espabilamos, vaya si espabilamos. Reducimos las emisiones más de un 80%. No quedaba otra. Entonces, ¿por qué ahora no conseguimos llegar a acuerdos reales y efectivos para combatir el cambio climático?:

  • Primero, el agujero de ozono no se encontró con negacionistas. Hubo consenso en las pruebas científicas que demostraban lo que estaba pasando. ¿No hay pruebas científicas de que estamos provocando un cambio climático? Claro que las hay: retroceso de los glaciares, aumento del nivel del mar, fenómenos climatológicos más intensos, incremento de las olas de calor y de las corrientes marinas, aceleramiento en la desaparición de especies animales y vegetales, incremento de algunas enfermedades como la malaria, migraciones masivas, hambrunas… Pero hemos tenido la mala suerte de que contra esto sí que ha habido, y hay, un fuerte movimiento negacionista que ha tenido la cabeza visible en líderes de algunos de los países más grandes y contaminantes del mundo como Estados Unidos y Brasil. En los últimos años ha habido un auge de movimientos conspiranoicos de desinformados que defienden que el cambio climático no existe, que la Tierra es plana o que hay reptilianos entre nosotros conquistando el mundo. En fin… Fanáticos que se unen a aquellos que aún no creen que el hombre llegase a la Luna o que los productores de petróleo conspiran contra el motor de agua. Parece mentira que en la época en la que vivimos, en la que la información es más accesible que nunca para todo el mundo, sigan pasando estas cosas, pero justo es ese exceso de información sin contrastar lo que alimenta esas mentes. En internet encuentras lo que quieras. Otra cosa es que sea verdad.
  • Segundo, el tamaño del problema. El desafío del cambio climático es mucho mayor. Solucionar el problema de la capa de ozono supuso unos cambios no muy disruptivos en algunos procesos productivos y en algunos comportamientos de los consumidores. Lo que nos viene ahora… es otro tema. Hay que retar de forma completa nuestro modelo industrial y el cómo usamos y de dónde obtenemos la energía en el planeta. Ahora mismo, por mucho que se hable de las energías renovables, los coches eléctricos o el autoconsumo, la realidad es que seguimos dependiendo de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) en un 80% (datos del Banco Mundial) Se está acelerando el proceso de movernos a energías más limpias (solar, eólica, hidráulica, geotérmica, mareomotriz y undimotriz, biomasa…), aunque a veces sea más por razones económicas o geoestratégicas; pero el camino por delante es inmenso. También se han firmado muchos acuerdos en los últimos años (Río, Kioto, Copenhague, París) con compromisos diversos (incremento máximo de temperatura, límite de emisiones netas, financiación de proyectos, capacidad de adaptación a los cambios), pero las emisiones siguen aumentando, ¿Las razones? Al contrario que con el Protocolo de Montreal, donde hubo acuerdo unánime, estos últimos acuerdos no siempre los han firmado todos los países, incluyendo alguno de los grandes como Rusia, y de los que lo han firmado muchos han incumplido sus compromisos. Al no haber consenso sobre la amenaza, no hay presión sobre las soluciones. Cada uno intenta hacer la guerra por su cuenta y el esfuerzo se diluye (por ejemplo, Europa quiere autoimponerse en su Hoja de Ruta de la Energía una reducción de emisiones sobre las de 1990 del 40% en 2030 y del 90% para el año 2050 y Estados Unidos, hasta la caída de Trump, simplemente negaba que hubiese algún problema). Acaba siendo más una cuestión de voluntarismo que de obligaciones reales.

Al final, todo es una cuestión económica o de instinto de supervivencia. Mientras las energías renovables no sean más rentables que las actuales (incluyendo la inversión de montar la infraestructura) o la amenaza sea más inminente, no espabilaremos. El problema es que para entonces podría ser demasiado tarde.

Importante es resaltar que no todo depende de los países o de grandes acuerdos internacionales. El comportamiento diario de la gente de a pie influye, y mucho. Antes de pedir explicaciones a los dirigentes mundiales deberíamos analizarnos. Hay docenas de cosas en nuestro día a día que puedes hacer: recicla todo lo posible, ahorra energía (no dejes cosas encendidas o en espera, no dejes enchufado el cargador del móvil cuando no estás cargándolo, usa la calefacción con cabeza, compra electrodomésticos eficientes…), reduce emisiones yendo a los sitios cercanos a pie o en bicicleta, compra todo lo que se pueda en comercios del barrio, pon la lavadora/secadora/lavavajillas solo cuando estén llenos, utiliza bombillas LED (que son más caras, pero ahorran energía y duran mucho más), sé crítico con las cosas que tiras (¿De verdad hay que tirarlo? ¿No se puede seguir usando? ¿No le puedo dar otro uso?) y con las que compras (¿De verdad lo necesito? ¿Lo puedo comprar de segunda mano? ¿No me lo puede dejar nadie), disminuye el consumo de carne (que genera muchos gases de efecto invernadero), usa bolsas reutilizables cuando vas a comprar, escoge los productos con menos embalaje (no hace falta comprar 4 peras en una bandeja envuelta en plástico), compra productos de proximidad y temporada, planta un árbol (hay docenas de sitios donde puedes patrocinar uno e, incluso, buscadores que lo hacen por ti solo por usarlos como https://www.ecosia.org/), ahorra agua… Hay muchas cosas que puedes hacer para ayudar.

El cambio climático nos atropella: ¡haz algo!

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Y ahora están en Glasglow discutiendo la nueva estrategia y la mayoría han venido en jet privados y se mueven en caravanas de hasta 80 coches.

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