RUMORES Y CONFESIONES ENLAZÁNDOME A YUKIO MISHIMA By Scarlet Cabrera

EL RUMOR DEL OLEAJE

“La isla de Utajima sólo tiene unos mil cuatrocientos habitantes, y el perímetro de su costa no llega a los cinco kilómetros. En dos lugares de la isla los paisajes son de belleza insuperable. Uno es el santuario de Yashino, que está encarado al noroeste y se alza cerca del punto más elevado de la isla. Desde el santuario se abarca un panorama ininterrumpido de la amplia bahía de Ise, y la isla se encuentra en el estrecho que enlaza la bahía con el océano Pacífico.” Fuente 1.

Así comienza la novela El rumor del oleaje del escritor japonés Yukio Mishima.

Me cautivó desde el primer momento. Esa forma tan exquisita de introducir al lector en un lugar inalcanzable en términos físicos/temporales pero sin ninguna duda, palpable en el templo que nos transmuta inmortales en manos de la imaginación.

Yukio Mishima agrega datos geográficos cuya exposición hace posible que la mente estructure la idea que nos aborda — ­esa isla — epicentro de naturaleza y emociones, ráfaga que poco a poco, irá hilando la trama que habrá de dotar de vida a una clásica historia de amor.

Aclaro, no soy de historias de amor.

…no obstante, este libro llegó a mis manos envuelto entre páginas líquidas y misterio. Al descubrirlo, pensé: —¿Una historia de amor, para mí…?— Sentí que si me había tocado, tendría sus razones, confidencias inaprensibles al raciocinio; intuitivamente, decidí investigar qué podría haber detrás. No me decepcioné.

Lo que más me hechizó fue el lugar, una isla de pescadores, Utajima. Allí, el mar y su magnificencia, alimento y trabajo que encuentra el pescador cuando penetra su alma azulada, los peligros que implica adentrarse hacia el incierto horizonte, el mágico vaivén de las aguas besando la dorada orilla en una interminable danza tan infinita como el universo. Las mujeres y su faena, responsabilidad/obligatoriedad de abastecer de agua dulce a los hogares, el trasfondo del dolor que presupone ser “cazadas” en rituales por conveniencia.

Shinji, el personaje masculino central, está experimentando el pasaje de la adolescencia a la adultez, una adolescencia ausente de experiencias sensuales y menos sexuales, diría que agotado desde muy temprano por las exigencias de la supervivencia. La rutina se le quiebra un día cuando sus pupilas, se posan sobre una chica que jamás había visto —Hatsue— quien resulta ser la hija retornada de un poderoso de la zona; agregando los rumores —puñales que nunca faltan— que la chica está destinada a un matrimonio concertado con algún hombre digno de su estatus.

Como suele suceder en esas límpidas historias, los chicos se enamoran atravesados por un fulminante flechazo aunque tendrán que sufrir un pesado calvario: no están ubicados en el mismo bando social, los desgarran hirientes  habladurías colmadas de veneno, les acosa la envidia que genera en otros hombres que la más deseable haya escogido a un simple pescador sin fortuna ni educación. Intentan separarlos y  casi lo consiguen pero el amor, se impone culminando en un emotivo final feliz.

El libro describe de una manera impactantemente sublime, no solo la inocencia de una relación que vislumbra el significado de la pasión como cúspide de las emociones haciendo del amor su justificación, si no que simultáneamente, construye al paisaje como el gran personaje, núcleo donde se desarrolla la existencia de la comunidad, circunferencia atando la convergencia de implacables dilemas, racimos inherentes a la vida y sus códigos.

Resalta la distancia de la urbe japonesa, conjugando lo simple y complejo que posee el existir al margen de la totalidad, como si de lejos los espejos se apagaran lentamente y únicamente, prevaleciera el hoy y sus códices; pero es una paradoja, ya que permanece inmutable la tácita esencia: el Kokutai (Kyūjitai: 國體, Shinjitai 国体 ( ”estructura/comunidad nacional”).

…sobre este punto del Kokutai el escritor tuvo su propia cruzada. Consideraba que la occidentalización de Japón a propósito de la segunda posguerra, aniquilaría su sustancia y con ello, su espíritu. Cito:

“Mentiría si dijera que la derrota [de Japón en la Segunda Guerra Mundial] no me estremeció o que no recibí la posguerra con un sentimiento de liberación. También yo sentí en determinado momento que estaba totalmente perdido. Llegué a odiar el Romanticismo. Un odio que me acercó al clasicismo. Fue cuando escribí El rumor del oleaje… Sin embargo, por mucho que sufriera, no conseguí negarme completamente a mí mismo. Además, no tenía interés alguno por eso que llaman política. Como estaba ciego a asuntos políticos, no entendía las corrientes políticas de la posguerra. Si me ponía a articular puntos de vista políticos, me hacía tal lío que me daba de verdad vergüenza. Así pues, y a modo de escapatoria, tomé la decisión de encarnar el papel de intérprete de la supremacía del arte.” Yukio Mishima. Fuente 2.

Reflexionando.

Las revoluciones son irreversibles y tiene el doble filo de mostrarnos una nueva realidad que para muchos, resulta un germen nefasto y al hallarnos en el ojo del huracán, el adentro presiente que lo que se avecina no es ni será pero,  imposibilitados de esculpir otra respuesta rápida y eficiente ante lo inevitable, podemos suponer que volver al paso anterior es la solución negando las razones que han estructurado la coyuntura del mundo que se acerca corriendo sobre la historia precedente. Son agujeros de gusano revueltos con barbaridades y alguna que otra benevolencia.

Con El Rumor del ojeaje, he sentido, después de indagar sobre Yukio Mishima, que la obra transmite su necesidad de exponer un cosmos idílico —de fábula— ensalzando seres puros que preservando sus creencias, salen incólumes de las pruebas más adversar levitando sobre sus aristas con la fuerza del Kokutai.

Investigando.

Mishima escribió la novela después de su viaje a Grecia e impresionado con la cultura clásica, se inspiró (se presume) buscando adaptar Dafnis y Cloe, de Longo, en la versión japonesa que representa el Rumor del oleaje.

Cuando algo me descifra quedo con sed. Así me sucedió con este autor, estallido que me impulsó a leerme otra de sus creaciones:

CONFESIONES DE UNA MÁSCARA

“Avanzamos entre las víctimas sin recibir una mirada, ni siquiera de reproche. Se nos ignoraba. Simplemente por no haber compartido su desgracia, nuestra existencia había sido borrada de nuestras vidas. No éramos para ellos más que sombras.” Fuente 3

Con esta novela la sorpresa fue inmensa, nada que ver con el Rumor del Oleaje. El tema es la identidad no solo sexual sino también, sociocultural.

El narrador,  Koo-chan, cuyo nombre de nacimiento es Kimitake, ha sido criado bajo los preceptos del Japón Imperial y desde muy niño, transita experiencias complejas como el haber sido separado de sus padres a propósito de su debilidad enfermiza. Su abuela, se lo lleva separándolo de sus progenitores con el fin para protegerlo sumergiéndolo en un ambiente de ancianidad y más enfermedades. Por cierto, Mishima, al igual que su personaje, fue separado de sus padres y vivió al abrigo sobreprotector de su abuela.

Koo-chan es un niño osado, irreverente, expone sus opiniones por absurdas que parezcan a los adultos; por ejemplo, asegura recordar su nacimiento con todo detalle e insiste en la veracidad de su memoria a pesar de que le explican que eso es imposible.

“Durante muchos años afirmé que podía recordar cosas que había visto en el instante de mi nacimiento. Cuando decía eso, los mayores, al principio, se reían; pero luego se preguntaban si intentaba burlarme de ellos, y miraban con desagrado la pálida cara de aquel niño tan poco infantil.”
Fuente 4

Voy a hacer una combinación de párrafos. Quedé tan comprometida leyéndolos que hasta podría decir que “eyaculé”. La descripción es tan sensorial, potente ¿El fundamento? Sublime. Arte.

1. “Era una reproducción del San Sebastián de Guido Reni que se encuentra en la colección del Palazzo Rosso de Génova.

2. “Su blanca e incomparable desnudez resplandece sobre el fondo crepuscular. Sus brazos musculosos, brazos de guardia pretoriano acostumbrados a tensar el arco y a blandir la espada, están alzados en grácil ángulo, y sus muñecas atadas se cruzan inmediatamente encima de la cabeza..”

3. “No es dolor lo que emana de su terso pecho, de su tenso abdomen, de sus caderas levemente inclinadas, sino una llama de melancólico placer, como el que produce la música. Si no fuera por las flechas con la punta profundamente hundida en el sobaco izquierdo y en el costado derecho, parecería un atleta romano descansando de su fatiga, apoyado en un oscuro árbol de un jardín.”

4. “Pero todas estas observaciones e interpretaciones son posteriores.

Aquel día, en el instante en que mi vista se posó en el cuadro, todo mi ser se estremeció de pagano goce. Se me levantó la sangre y se me hincharon las ingles como impulsadas por la ira. Aquella parte monstruosa de mi ser que estaba a punto de estallar esperó que la utilizara, con un ardor sin precedentes, acusándome por mi ignorancia, jadeando indignada. Mis manos, de forma totalmente inconsciente, iniciaron unos movimientos que nadie les había enseñado. Sentí que algo secreto y radiante se elevaba, con paso rápido, para atacarme desde dentro de mí. De repente estalló y trajo consigo una cegadora embriaguez…

5. “Había salpicaduras blancas como las nubes en todas partes, en el título de letras doradas de un libro de texto, en el cuello del tintero, en un ángulo del diccionario. En algunos objetos las salpicaduras resbalaban perezosamente, con plúmbea pesadez, en otros lanzaban un brillo mate, como los ojos del pescado. Afortunadamente, mi mano, en movimiento reflejo, protegió el cuadro, evitando que el libro se manchara.

Ésa fue mi primera eyaculación. Y también fue el principio, torpe y totalmente imprevisto, de mi «vicio».”. Fuente 5

Esta imagen la he colocado puntualizando que no aparece en la novela pero ¡Tenía que verla! Jamás hubiese considerado al San Sebastián de Guido Reni desde una óptica tan erótica.

Retomando las dos novelas.

Ha sido una gran revelación pescar estos libros, uno cayó sobre mí por una Sincronicidad a lo Jung y el otro, por voluntad propia, mi Kokutai.

El Rumor del oleaje va de una historia de amor heterosexual con el apoyo supremo de la naturaleza y las convicciones que sustentan la unidad del ser y su autenticidad respecto a la fe que lo hace histórico engendrándolo en la raíz de sus cimientos, confianza que todo lo puede si es poseído por ese sentido supremo.

Confesiones de una máscara, ha sido catalogada como autobiográfica y deshila la poderosa incertidumbre de significa aceptar al sí mismo de las diferencias en la inevitable la atracción que anima desde la niñez, voluptuosidad y deseo hacia el sexo masculino, instinto coexistiendo dentro del cuerpo de otro hombre pero el argumento no se detiene en esa única confesión, la novela indaga las sombras escondidas en la macro aceptación, escozor ante una sociedad desfigurada a fuerza de prejuicios, desigualdades y antagonismos, filoso acantilado desolando al ser sensible entre densas penumbras.

Recopilando información, cito :

“Lo sorprendente de esta excelente obra (Confesiones de una máscara) es que era (sic), al mismo tiempo, unas precoces memorias de un joven japonés dispuesto a transgredir las normas de la sociedad de su tiempo, pues, en ella, el relato de la infancia y juventud del autor desembocan en el descubrimiento de su homosexualidad, sin ocultar su irreprimible atracción por la belleza, la muerte y la sangre». Fuente 6

Yukio Mishima es considerado de los grandes escritores del Japón del XX, específicamente de la segunda  posguerra. Recibió una educación elitista, poseedor de una gran cultura y pasión hacia la belleza en todas sus manifestaciones. Creía fervientemente que la occidentalización del Japón evaporaría su historia ancestral y luchó, literalmente, intentando que la figura del Emperador regresara intacta en los términos precedentes a la Segunda Guerra Mundial. Por esas razones, fue “mal visto” ya que sus posiciones políticas lo enjaularon en la extrema derecha, razón, según comentan, impidió que recibiera el Nobel. Yasunari Kawabata, Premio Nobel de 1968, declaró:

«Ignoro por qué me han dado el Nobel a mí, existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras.» Fuente 7

—¿Debe, necesariamente, existir dolor posterior y persistente agobiando al ser cuándo inocente, se abre paso hacia lo real/ tangible luego de desprenderse del cálido útero cuya perfecta calidez hizo del embrión una obra maestra?—

Si Confesiones de una máscara condensa el sentimiento autobiográfico del autor, no me deja indiferente que un artista de su magnitud no consiguiera en la vida palpable promulgar quién y cómo era sustancialmente y haya tenido que disfrazarse haciendo portavoz de sus íntimas verdades a uno de sus personajes. Igual, es magistral porque confesarse a través de una novela posee más valor, es más descarnado, intrépido y doloroso, intención que lo ha tallado en la gracia que cubre con su iluminación a los genios de la literatura universal.

Todo en Yukio Mishima es avasallante.

El 25 de noviembre de 1970, Mishima y cuatro miembros de su milicia se infiltraron en una base militar en el centro de Tokio, tomaron al comandante como rehén e intentaron incitar a las Fuerzas de Autodefensa a revocar la Constitución de 1947.20​ Tras el fracaso de su iniciativa, se suicidó mediante el seppuku o harakiri.21​” Fuente 8

Scarlet Cabrera

Referencias:

Fuente1: https://ia601302.us.archive.org/28/items/ColeccionDeLibrosPorYukioMishima/MISHIMA,%20Yukio,%20El%20Rumor%20Del%20Oleaje.PDF

Fuente 2: https://es.wikipedia.org/wiki/Yukio_Mishima

Fuente 3: https://citas.in/obras/confesiones-de-una-mascara-603/

Fuente 4: https://freeditorial.com/es/books/confesiones-de-una-mascara/readonline

Fuente 5: https://freeditorial.com/es/books/confesiones-de-una-mascara/readonline

Fuentes 6/7/8: https://es.wikipedia.org/wiki/Yukio_Mishima

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