MUJERES EN EL “CAMINO” I. LA PRESENCIA FEMENINA EN EL CAMINO DE SANTIAGO.

Andrea Kowch (pintura metafórica)

Itinerarios by Mercedes G. Rojo

Hace unos meses, con motivo del nuevo año compostelano que se nos venía encima, publicaba, en MasticadoresLAB,  el artículo Mujeres en el “Camino”. Entre la historia y la literatura.  Ahora,  comenzado ya el año, envueltos aún en las actuales circunstancias marcadas por la presencia del coronavirus , con una ignorancia completa de lo que el futuro nos deparará al respecto, me gustaría –aprovechando la circunstancia jubilar- seguir ahondando en la presencia femenina en todo lo que a dicho Camino se refiere, presencia que si bien hoy nos parece obvia, parece no haberlo sido tanto en épocas precedentes. Lo hago en un momento en el que  las condiciones para esas peregrinaciones se están complicando tanto que, por primera vez en la historia, la Santa Sede, ha decidido que este periodo jubilar no dure uno sino dos años, y que quien quiera acudir a Santiago en busca de indulgencias pueda hacerlo hasta que finalice el  2022. Y es que de momento esta difícil situación ya se está dejando notar en los “caminos compostelanos” porque si en un año normal, ya desde las primeras semanas del año se notaba un  trasiego de peregrinos que se iba incrementando a medida que nos acercamos al mes de julio, ese trasiego era aún mayor en año santo, máxime si éste coincidía con el periodo más largo (once años desde el anterior)[1] como sucede en esta ocasión, ocasión en la que de momento los caminos permanecen desiertos, o casi.  

A lo largo de la Historia, reyes, nobles, obispos, monjes, soldados, ricos y pobres, caballeros, esclavos, hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños, han peregrinado por las diferentes rutas a Santiago. Generalmente iban a pie; los pudientes, a caballo. A veces solos, pero comúnmente en caravanas para defenderse mejor de los peligros. La presencia de la mujer, de la mujer de a pie, en el Camino de Santiago queda refrendada por la alusión a las mismas en diversos documentos, algunos como el testamento de  la fundadora del Hospital de Santa María la Real en Burgos, que hace alusión explícita  en sus provisiones a romeros y romeras. Otros son los propios testamentos de peregrinas otorgados a los propios hospitales, como es el caso del de María López de Granada, en 1565, al Hospital Real de Santiago. Y, por supuesto, la evidencia plasmada en los documentos ligados a los Hospitales del Camino con separación de sexos en los mismos.

Los motivos que llevaban a esos peregrinajes eran también múltiples;  el primero, el religioso; la piedad, la devoción, tal como queda plasmado en el propio origen que dio lugar a la instauración de Santiago de Compostela como nueva ruta de peregrinación a un Santo Lugar, aunque no todos los motivos coincidían con éste. Para algunos hombres y mujeres, la peregrinación fue una disculpa de negocios o aventuras, de lo que se deduce que no todas las mujeres en el Camino eran peregrinas, y no todas representaban (al igual que ocurría entre los hombres) los valores positivos de las mismas. La Iglesia, siempre antifeminista, nunca vio con buenos ojos la peregrinación de las mujeres y la toleraba muy a regañadientes, incluso algunos representantes (por ejemplo en el siglo XIII) llegaron a condenar sin paliativos la ida de las mujeres a Compostela, bajo el pretexto de que llevaban consigo más pecados que indulgencias. Pero el pretexto religioso de la santa romería que esgrimieron muchas mujeres  no podía pasarse por alto, lo mismo que en épocas más cercanas ocurriría con el hecho de ir a misa, en algunas ocasiones la única disculpa aceptada en muchas situaciones para salir de las cuatro paredes de la casa (y sin una vigilancia férrea).

Dentro de las peregrinaciones por motivos rufianescos podemos encontrar a las pícaras; amparados en la acogida que caritativamente se dispensaba a los verdaderos peregrinos, se dice de los rufianesa quienes éstas solían acompañar,“para encubrir sus malas vidas échanse a cuestas media sotanilla y una esclavina; un zurrón a un lado, calabaza al otro, bordón en la mano y una socia con título fingido de casados y discurren por toda España, donde se halla la gente más caritativa, sin jamás acabar sus peregrinaciones”. También estaban las mozas de servicio que, generalmente a instancias de sus amos,  robaban  la avena o cebada de las caballerías y procuraban introducírseles en la cama a los peregrinos para sacarles el dinero (ilustrado en las múltiples versiones de algunas leyendas). También se habla a menudo de las “meretrices” que salen al encuentro de los romeros con el fin de embaucarles y perderles

Aparte, están las mujeres que representan el lado positivo de la atención en el Camino de Santiago: posaderas honradas, benefactoras de los hospitales de peregrinos, limosneras, criadas y otras figuras dentro de los mismos, …, que, junto a lo dicho con anterioridad, nos ayuda a establecer dos planteamientos:

  1. Lo poco proclive que resulta la época histórica de las peregrinaciones a la defensa de las mujeres, con alusiones continuas tanto en la literatura como en la legislación de la época no sólo a la picaresca desarrollada por determinados grupos sociales femenina sino también  a las “profesionales” que se dedicaban a ejercer “la profesión más antigua del mundo”.
  2. Por otro lado, aunque sea menos visible, que existe un rastro dejado en la Historia por mujeres de distintas clases sociales que peregrinaban por la devoción y la costumbre del momento, algunas movidas por el hecho religioso en sí, otras impulsadas por motivos más frívolos como el arte o la cultura.

Todas, al fin y al cabo, dejaron su Huella en los distintos Caminos a Santiago.

Si las  mujeres estuvieron sujetas a los padres, hogar o familia hasta hace cuatro días, este mismo hecho se plasma en toda la realidad que al respecto se puede recoger sobre su presencia en las peregrinaciones a Santiago, para lo bueno y para lo malo, y así encontramos a quienes:

  • explotaban a los peregrinos a instancias de sus amos, maridos o padres
    • viajaban de acompañantes de su familia
    • sólo pudieron mostrar su total religiosidad una vez viudas

Los detalles de su presencia y su huella  en estos caminos de peregrinación que se convirtieron en fuente de intercambio cultural internacional es lo que iremos viendo en próximos capítulos de esta entrega  si es que os apetece seguirla. No en vano están en el origen de que hoy toda esta red de caminos esté reconocida como Patrimonio de la Humanidad.  Os espero en próximas semanas.


[1] El Año jubilar compostelano (Año Santo) se celebra cuando el 25 de julioConmemoración del Martirio de Santiago, coincide en domingo, situación que se  produce respectivamente cada 11, 6, 5 y 6 años (pudiéndose dar lapsos de  de 7 o 12 años si el último año de un siglo no es bisiesto). Se viene celebrando desde que en 1.122 el Papa Calixto II viajara a Santiago de Compostela, momento a partir del cual se le otorgará al peregrinaje a Santiago  el privilegio  de  las mismas gracias que se otorgaban en Romaen losAños Jubilares (que allí coinciden cada 22 años) y equiparables también a las ganadas con el viaje a Jerusalén.  Estos privilegios serán nuevamente refrendados a perpetuidad por el Papa Alejandro IIIen el año 1179 y reivindicados y ampliados por otros Papas con posterioridad. La inseguridad creciente alcanzada con la permanente y complicada conflictividad de los territorios atravesados en el viaje a Tierra Santa, hizo que en la Edad Media la ruta a Compostela tomara el relevo adquiriendo un auge cada vez mayor entre un número creciente de peregrinos.

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