La (imposible) alianza de civilizaciones.

Doy por hecho que la mayor parte de quien no esté al tanto de la política española, e incluso muchos españoles, tal vez no sepan o no recuerden este concepto que se sacó de la manga el ínclito presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero. Una idea que tuvo un solo socio a nivel mundial y fue Turquía. Todo un éxito.

Según el aparato de propaganda del régimen

La Alianza de Civilizaciones es una iniciativa de Naciones Unidas, copatrocinada por España y Turquía, que tiene como objetivo fomentar el diálogo y la cooperación entre diferentes comunidades, culturas y civilizaciones y construir puentes que unan a los pueblos y personas más allá de sus diferencias culturales o religiosas, desarrollando una serie de acciones concretas destinadas a la prevención de los conflictos y a la construcción de la paz.”

O sea, más o menos, lo mismo que dicen todas las chicas que se presentan a Miss lo que sea, pero desde un púlpito político.

Esta especie de “boutade” que diría un francés (una broma) tuvo lugar allá por el año 2005. Desde entonces, la historia y la realidad nos han venido demostrando que la ocurrencia, después de varias Cruzadas y de siglos de lucha, era sólo una patochada. Y por si acaso no hubiera ya suficientes ejemplos acerca de la imposibilidad de convertir un cuadrado en un círculo, ahora me extenderé sobre un ejemplo concreto, para ilustrar este concepto.

Pongamos que hablo de una empresa cuya actividad consiste en fabricar tabaco para las pipas de agua, típicas entre los árabes. De hecho, los propietarios y gerentes, son árabes.

El trabajo de mezclar las diferentes clases de tabaco, sabores, esencias y demás, se realiza a mano, por personal joven y también árabes, sin ningún tipo de ayuda como palas o remos o algo semejante que ayude en la tarea. El uso de maquinaria está fuera de la imaginación.

Sobre una enorme bañera se vierten los cientos de kilos de tabaco y saborizantes, que son masajeados por una legión de trabajadores, que, abalanzados sobre la bañera, realizan un trabajo físico extenuante durante ocho horas y media diarias, sin ningún tipo de protección sobre los gases y reacciones químicas que pudieran producirse. Ese esfuerzo es recompensado con unos salarios que no los firmarían ni los trabajadores de Oskar Schindler. Además, y como premio especial, esa media hora extra que realizan diariamente, no es recompensada de ninguna manera. En ocasiones, se piden voluntarios para trabajar, también, los fines de semana.

Cada día todos los trabajadores de la empresa, ubicada en una nave de un polígono industrial, deben enviar mediante WhatsApp una relación pormenorizada de todas las tareas que han realizado en su jornada de trabajo, poniendo especial cuidado en detallar, las veces que han visitado el excusado. El uso del móvil está terminantemente prohibido, pero, en cualquier caso, si fuera necesario, habría que salir a la calle a atender la llamada y el tiempo empleado habría que consignarlo en el parte de actividad vía WhatsApp.

La gestión interna de la empresa parece diseñada por un perturbado mental o alguien bajo los efectos de algún tipo de sicotrópico. Así, cuando se contrata a alguien para realizar – por ejemplo – tareas de contabilidad, puede terminar trabajando en asuntos relacionados con Marketing y Publicidad, o se pone al frente de las tareas administrativas de la oficina a una persona que jamás desempeñó cargo alguno en ninguna empresa, con lo que el cúmulo de despropósitos, de incompetencias, de errores y de incoherencias, es de tal calibre que se supera día a día. El último éxito ha consistido en contratar en nómina a la señora de la limpieza…para que se cuelgue al teléfono y negocio con los proveedores precios más competitivos. Porque, al igual que con el chiste de los remeros españoles y japoneses, el negocio va mal y la culpa, por supuesto, es de los esclavos que ganan demasiado.

Al mismo tiempo que se da este estado de semiesclavitud, el dueño de la empresa, que vive a setenta kilómetros, se ha hecho construir un despacho a todo lujo. Un despacho enorme que no pisa jamás, porque se queda en su chalet. Si tuviera necesidad de acudir a su despacho, dispone de un chófer con su nómina a cargo de la empresa, lo mismo que la cocinera que vela por su salud.

El despacho está adornado con una alfombra blanca, que, a pesar de no ser pisada por nadie – bajo pena de recibir cien latigazos, imagino-, ha tenido que ser enrollada para que no fuera almacenando suciedad.

La mesa y las sillas que se compraron para dicho despacho y que costaron 3.000 euros, al parecer, no son del agrado del jeque y hay que cambiarlo. Ahora quiere sillas blancas y con ruedas.

Recientemente, se ha adquirido una televisión para dicho despacho, para ese mismo despacho que está sin estrenar. La TV es de 85 pulgadas y es tan pesada que es imposible colgarla en la pared porque al ser de pladur, no ofrece suficiente consistencia.

Y mientras los esclavos remueven el tabaco a mano, se contaminan con los efluvios o con el COVID – ya murió una persona y se han contagiado una docena – trabajan media hora diaria gratis y a veces, también los fines de semana a cambio de un salario insultante, el dueño y la gerencia, opinan que ganan demasiado.

No puedo evitar recordar esa escena de la película Lawrence de Arabia, en la que Omar Sharif dispara y mata al guía que acompañaba a Peter O’toole, por beber agua de un pozo del que no debía. El pozo era de Omar Sharif  y el muerto era de otra tribu. Inferior, por supuesto.

El trato que da esta gente a los de su propia raza, es tan denigrante que me subleva y, sin embargo, se acepta, por vaya usted a saber qué extrañas costumbres atávicas.

Si comparamos este comportamiento con el que habitual de cualquier empresa española o de occidente, más de uno y más de cien, se echarían las manos a la cabeza. Por eso, por esta clase de diferencias culturales, por la diferencia entre tratar a los empleados como esclavos o como colaboradores, es por lo que la idea de la alianza de civilizaciones, no es más que una idea absurda. Es como pretender juntar el agua y el aceite.

Como bien define uno de los empleados – español – este panorama “a esta gente lo que le gusta es la ostentación, el despilfarro, el lujo…mientras acaricia al tigre”.

Tal vez esa sea una de las razones por las que cuando se habla de empresas exitosas en el mundo, nunca aparece una empresa árabe. Americanas, chinas, indias, israelitas, alemanas, francesas…sí. Pero árabe, no conozco ninguna.

Con semejante disparidad de valores es completamente imposible establecer ningún nexo.

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  1. Compartido con los 6000 lectores de Masticadoresface

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