La tradición hispanoamericana. Otra posibilidad ante el mundo global by Nacho Valdés

Nos encontramos ante la evolución de la utopía imperial encarnada, en su momento germinal, por España y su irrupción en el espacio americano. En este punto, son los Estados Unidos los que personifican este modelo que tiene un alcance global y se ha reproducido, tomando innumerables variantes, por todo el orbe. Las cuatro libertades anunciadas por Roosevelt en la lucha contra el fascismo: la libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad ante la necesidad y la libertad frente al miedo; han sido suprimidas por la quinta libertad. A saber: la libertad para actuar con total impunidad. El intervencionismo americano, orientado a la imposición de su modelo económico y social, ha sido crucial en la deriva hispanoamericana. De hecho, la opinión pública se ha convertido en un actor político básico que puede ser dominado y manipulado para conseguir la imposición de intereses privativos.

Se ha desatendido lo político que, de no recibir un cuidado constante, cae en la mitificación y naturalización de los logros alcanzados. De no producirse una renovación de los supuestos sobre los que se asienta el sistema, podría incurrirse en alguno de los mitos que acompañan a la democracia; peligrosos por resultar excluyentes. Se hace imprescindible impulsar un horizonte de expectativa para conseguir la transformación de unos conceptos que, por su asimilación en el seno de la comunidad, se alejan de la realidad presente.

La estructura vigente resta capacidad operativa a la soberanía estatal otorgada, en los sistemas democráticos, por la ciudadanía. Se produce una merma de los derechos sociales y políticos conseguidos. Este proceso de rebaja constante puede rastrearse en las últimas décadas de imposición de un capitalismo globalizado que ha desembocado en la reformulación de la ideología liberal. La democracia es incompleta, requiere mantenimiento para conservar su realidad, pues, de no darse este cuidado, se produce la caída en lo totalitario. El contenido idiosincrásico de lo democrático se encuentra en la comunidad que alimenta su sentido. Este elemento está amenazado debido a que, en su sentido originario, la communitas no protegía al sujeto en la colectividad, sino que lo proyectaba hacia lo externo de sí mismo para instituir un contacto. Enfrentada a la comunidad, que incita al sujeto a la alteridad, se ha formado la inmunitas que no ofrece esta posibilidad esencial para lo político. La inmunización reconstruye, en oposición a la comunidad, el ámbito de la identidad individual. La comunidad, en oposición a la interiorización de la inmunización, implica el valor de la democracia. Sin embargo, termina por zonificarse estableciendo espacios ínfimos que toleran la inmunización frente a un contacto con posibilidades creativas. Este asunto termina por convertirse en una protección de la vida y la propiedad que confronta con lo político. Se finiquita la libertad originaria de lo común, de lo compartido en conjunto por incluir una raíz pública.

Podría traerse al presente parte de nuestra cultura hispana, pues, para Ángel Ganivet, la solución para la destrucción creadora de este tipo de utopías imperiales se encuentra en el desmantelamiento del propio modelo denunciado. En una tarea de este calado, crucial para el establecimiento de un horizonte de expectativa, solo cabe la colaboración y el establecimiento de lazos que permitan superar esta complicación. La cultura hispana, cargada por un mismo idioma y tradición, tendría la ocasión de desmarcarse de esta influencia omnívora dirigida a lo financiero como único valor. Frente a la tendencia homogeneizadora del modelo global, debería revalorizarse la comunidad hispana en un sentido amplio, pues, a todas luces, resulta un contrasentido el intentar desvincularse de la deriva global. Ahora bien, sí cabe la posibilidad de marcar una ruta propia con posibilidades para su imposición por ser el mundo hispanoamericano un conjunto cuajado de elementos telúricos capaz de marcar un sentido global más allá de lo financiero. Cabe la posibilidad de desterritorializar la lengua y cultura hispanas para que, superando sus espacios tradicionales, adquieran una dimensión global.

Desde la teoría de la compensación, se afirma que el ser humano, más que innovador, es continuador de elementos anteriores. Lo tradicional, tal y como defendió Unamuno, puede llegar a desempeñar un papel fundamental para la construcción de un presente con opciones de pervivencia en el futuro. Es decir, un horizonte de expectativa sólido debe tomar pie en la tradición para incluir la novedad en un modelo que contenga el necesario componente terrenal indispensable para lo comunitario.

En virtud de la posibilidad de aprovechamiento de los sólidos cimientos de la tradición común, podría hacerse uso de la palabra poietica para instituir una posibilidad de futuro todavía innombrada y, por lo tanto, utópica. Este horizonte de expectativa podría trocar en posibilidad para el direccionamiento de la acción. Se eliminaría, al menos en parte, la incertidumbre de una contemporaneidad vinculada a los modelos modernos debido al terror inducido ante la posibilidad de cambio. En el tiempo gozne actual podría hacerse uso de este potencial para fundar una salida creativa para la crisis sociopolítica procedente del proceso de globalización y agravada por la pandemia en la que estamos sumidos. La inmediatez y cercanía virtual contiene la oportunidad para el establecimiento de vínculos que fomenten la colaboración popular en la constitución de una política social de acento hispano.

Lo global muestra la polaridad de la política y en su misma problemática se encuentra la contingencia de un acercamiento para toda la comunidad hispanoamericana. Más allá de cualquier otra realidad, se da el nexo ineludible y cargado de alternativas creativas para el marco sociopolítico: la lengua compartida. En un sentido integrador, el lenguaje implica la adición de potencialidades para una creatividad estimulada por el flujo de ideas entre las dos orillas oceánicas. La lengua presupone una filosofía y esta encierra un prisma determinado a la hora de interrogar al mundo. Ambas dimensiones, la española y la americana, debieran compartir su esfuerzo para el patronato de una ligazón sólida entre toda la comunidad hispanohablante.

En el fundidor de lo hispano se asientan múltiples nacionalidades y culturas que, de manera ineludible, enriquecen la totalidad del conjunto. La fuerza emanada de esta diversidad gravita sobre unos elementos establecidos desde el lenguaje y, por este motivo, sobre una determinada relación con la realidad idiosincrásica del conjunto. Esta comunidad de alcance global y con posibilidades para establecer alternativas sociales, podría enriquecerse de contar con el voluntarismo de los participantes en el proceso de construcción de esta entidad político-social.

En lo hispano se localiza el caldo de cultivo idóneo para la posibilidad de innovaciones. Desde la diferencia establecida por las distintas particularidades que conforman el conjunto, se produce potencia creadora para la fundación de salidas utópicas, inaccesibles e inverosímiles, hacia un futuro cargado de presente todavía sin conceptualizar. La poiesis contiene esta perspectiva que, con independencia de no ser viable como absoluto, envuelve toda una vereda cargada de hitos de menor calado. La comunidad hispanoamericana cuenta con la riqueza cultural imprescindible para acceder al proceso global con una nota distintiva.

La situación actual implica una importante posibilidad para la perversión de los resortes políticos de la democracia en su proyección comunitaria. Las deficiencias institucionales establecen un inconveniente para una dirección social marcada por la ciudadanía, pues los conglomerados financieros instituyen un ritmo fundado en la rentabilidad. Por este motivo, se constituye la posibilidad de adscripción a movimientos privativos y de carácter inmunitario que terminan por fracturar el seno de lo social por generar una distancia insalvable en relación a la alteridad. Por esto, el aspecto fundamental de la comunidad, que no es otro que el público, queda negado al producirse un conflicto estéril para lo político.

Frente a populismos y nacionalismos insertos en la democracia neoliberal debería imponerse un republicanismo abierto, flexible, contrario a las tendencias oligárquicas de las instituciones y capaz de repensar la noción de res publica. Esta nueva ordenación tendría como elemento director la división de poderes haciendo del cuerpo social un todo orgánico depositario de los elementos telúricos y tradicionales.

El miedo termina por convertirse en una distracción que aleja de la posibilidad de análisis dejando sin tratamiento los problemas esenciales. La biopolítica en busca de la protección personal queda restringida a lo local dejando sin regulación el ámbito de lo global. La miopía en forma de terror a la que es sometida la población evita la toma de conciencia sobre una cuestión enquistada: las salidas que pretenden la preservación del espacio conocido son un mero maquillaje sin solución para los problemas estructurales. La aceleración contemporánea lleva consigo la necesidad de tomar conciencia del cambio que está produciéndose; de no darse esta circunstancia los desequilibrios tendrán un alcance profundo y quizás definitivo. La comunidad como posibilidad no debe quedar desposeída de la inteligencia que no se humilla ante el dominio velado. Debe evitarse, dentro del cuerpo social, la tendencia inmunitaria generadora de una regresión por crear peligros artificiales para justificar su propia aplicación.

Lastrar la cultura es sinónimo de menguar la posibilidad de reacción que se presume a la comunidad. A esto se añade el fenómeno populista como creador de un cuerpo doctrinal rico y complejo que pretende el asalto cultural como vía de entrada al dominio de lo político. Según el planteamiento de Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. A través de la suma de los pequeños esfuerzos se puede vencer la enorme resistencia al cambio y la novedad ofrecida desde los colectivos instalados en el poder.

Se impone el pensamiento utópico, la búsqueda de imposibles a través de la acción intelectual capaz de respaldar la creatividad. Debe dirigirse la vista de nuevo a lo intangible, al futuro posible para, a partir de los planteamientos novedosos, ir explorando las posibilidades en un horizonte vacío por la primacía de lo mercantil. Sobre la diferencia orientada a la communitas, y no sobre la immunitas excluyente, tendrá que proyectarse lo social. Esto, por supuesto, a través del lenguaje y la reflexión como posibilidades para obviar las soluciones automáticas y dejar espacio a la inteligencia. La palabra poietica cargada de perspectivas debe dejar atrás la tradición difunta para crear novedades. Al ser el lenguaje vehículo o transporte para la filosofía, resulta forzosa la inclusión del conjunto hispanoamericano en un proyecto con todas sus posibilidades creativas.

Sin dar la espalda a Europa, debe tenderse un puente hacia América para asentar la intelectualidad y la posibilidad ideológica. El empleo de las nuevas tecnologías derivadas del mundo de la información y la comunicación posibilitan este acercamiento y la alineación de la ciudadanía. En clave dual, las redes de información que ofrecen una imagen plana y estereotipada también pueden ser válidas para reafirmar, mediante su posibilidad comunicativa, las culturas particulares con la vista puesta en un conjunto que supere las problemáticas presentes. Es el momento de tomar las riendas de nuestra comunidad y emplear todas las herramientas a nuestro alcance para rectificar un sistema defectuoso.

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