La Sanidad nació pachucha.

Imagen de Jossué Trejo en Pixabay

Tanto los medios de comunicación, como los políticos, como los alegres manifestantes convenientemente ataviados con sus batas blancas y sus pancartas, – que muchos, entre ellos yo, tenemos las sospechas de que la mayoría de ellos son liberados sindicales que no han dado un palo al agua en su vida o simples jubilados, que se aburren en casa y a cambio de un viaje pagado y un bocadillo, van a armar bulla, porque un ligero vistazo a las imágenes es suficiente para darse cuenta de que por la edad del que lleva la pancarta, debió jubilarse en los tiempos de Tutankamón – todos, repito, dicen defender una Sanidad Pública y gratuita. Vayamos por partes.

A pesar de que todo el mundo habla de la Sanidad Pública como si hubiera una sola, lo cierto es que, – como ya se ha demostrado a lo largo de la pandemia de COVID19 – hay 17 Sistemas de Salud distintos. O lo que es lo mismo, cada uno hace de su capa un sayo, que para aquellos que nos lean desde lejos y les resulte una expresión desconocida significa que cada uno hace lo que le da la real gana en materia de Sanidad.

Y por lo que se refiere a la gratuidad, cabe preguntarse ¿de dónde se cree esta gente que sale el dinero para la Seguridad Social sino de los impuestos que pagamos los españoles? ¿A qué llaman gratuito?

Bien. Sentados estos dos pequeños matices, hoy los mismos medios de siempre y sus voceras, reclaman más medios, más médicos, más personal, más inversión. De acuerdo, pero sin olvidar que más inversión, significa más impuestos. Aunque en eso podríamos discrepar a la hora de gestionar eficazmente los recursos eliminando ministerios inútiles, asesores que no asesoran, subvenciones a organizaciones inservibles que son de amigos y demás rémoras. También me pregunto en qué país recibiría Amancio Ortega las críticas que recibió cuando decidió donar aparatos a los hospitales por valor de decenas de millones de euros. Eso sólo pasa en España.

Pero entonces, ¿la situación actual se debe a una falta de inversión en recursos? No es tan simple. Creo que debemos hacer un largo viaje en el tiempo para comprender mejor cómo aquellas lluvias trajeron estos lodos.

En nuestra Constitución de 1978 el llamado Título VIII es la fuente de muchos – o de casi todos – de los problemas que padecemos hoy en día. En ese Estado de las Autonomías se preveía que la mayor parte de las competencias del gobierno central pasaran a manos de las CC.AA. con el fin de acercar la Administración al ciudadano, excluyendo las relacionadas con el ejército, la moneda, las pensiones y tal vez alguna más.

Como suele pasar con frecuencia en el mundo de la política, hay ideas que sobre el papel quedan fantásticas pero que después, cuando las pones en práctica, empiezan a mostrar sus puntos débiles y algunas terminan en fracaso. En el caso de España, por ejemplo, tenemos dos claros y estrepitosos descalabros: la educación y la sanidad.

La Sanidad es una de las muchas competencias que fueron transmitidas desde el gobierno central a las diferentes Comunidades Autónomas. La primera de todas, como no podía ser de otra forma, fue la Comunidad Autónoma de Cataluña, que recibió sus competencias allá por el lejano año de 1981 de mano del gobierno de entonces, presidido por UCD, partido que ya no existe. Para el resto de CC.AA. “el café para todos” tuvo que esperar la nada desdeñable cifra de 20 años y no fue hasta el 27 de diciembre de 2001, cuando un gobierno del PP, realizó la transferencia de competencias de Sanidad que incluía recursos humanos, económicos, infraestructuras y servicios, a otras 10 Comunidades Autónomas.

En el momento de la transferencia cada Autonomía debía asumir de modo individual un aumento superlativo de los costes, manteniendo la misma población, una presión fiscal similar y sin embargo teniendo que contratar personal médico, enfermeras, construir hospitales, centros de salud, y todo ello manteniendo una cohesión y una calidad asistencial parejas en relación al resto de España. Era una tarea ciclópea que dinamitaba las cuentas públicas y obligaba, por tanto, a negociar con el Estado Central, un nuevo sistema de financiación, porque el existente, no cubría las necesidades.

«El Consejo Interterritorial y la Cartera Común de Servicios fueron las principales herramientas allí establecidas para salvaguardar la igualdad territorial y la equidad en la asistencia sanitaria.
Sin embargo, el devenir del Sistema Nacional de Salud muestra claroscuros y problemas, que no deberían ignorarse; sobre todo, problemas de equidad en el acceso a las prestaciones derivadas de la aplicación de criterios autonómicos heterogéneos.

En buena medida, la raíz de tales problemas está en el modelo de financiación del sistema sanitario público, que viene acarreando una insuficiencia presupuestaria crónica.»

(Ana Pastor – 28/03/2022)

Para hablar de financiación de las Autonomías, en el año 2005 el presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, convocó una Conferencia de presidentes autonómicos. Sin embargo, la Conferencia fue un fracaso por diversas razones, entre otras por una deficiente preparación técnica.

La consecuencia fue que, aunque no hubo nuevas medidas, las Autonomías debían continuar dando los servicios sanitarios a todos los ciudadanos, lo que es fácil de entender, se tradujo en un aumento de la deuda que en el año 2011 alcanzó la nada desdeñable cifra de 16.000 millones de euros en facturas sin pagar. Ese fue uno de los “problemones” – por utilizar la terminología del actual presidente Sánchez – que heredó el Partido Popular cuando ganó las Elecciones el 20 de noviembre de 2011.

Más recientemente, en diciembre de 2021 el actual gobierno, anunció una reforma de la financiación autonómica en la que aseguraba, que se daría prioridad a la Educación y a la Sanidad.

Mientras esto sucede, como ya hemos visto, hemos viajado en el tiempo desde el año 2001 hasta el 2022 y la solución a los temas de Sanidad, la financiación de las CC. AA, la inversión en Educación, siguen siendo usadas como armas arrojadizas entre políticos.

Pero lo que más importa nadie lo manifiesta. El dato más importante es que como consecuencia de esta especie de desidia política, en los últimos diez años 20.000 médicos han abandonado España para trabajar en Francia, Alemania y otros países donde reciben un trato incomparablemente mejor que el que le pueden dar en España. Contratos indefinidos, carga de trabajo normalizada, estipendios en función de su experiencia y conocimientos. Y, por otra parte, un número cada vez más numeroso de enfermeras ha tomado la misma decisión y emigran a Reino Unido, por ejemplo, donde se necesitan profesionales con experiencia y se les valora, al tiempo, que otras, deciden abandonar la profesión.

Así es que la incapacidad de los políticos por afrontar y resolver un problema económico, es el origen de la situación en la que estamos ahora mismo. Si a las Autonomías no se les proporciona los medios necesarios para poder ofrecer a sus ciudadanos el mismo nivel asistencial, con la misma calidad, los profesionales huirán. Y eso, entre otras muchas consideraciones, es un capital que no podemos perder. Cuesta mucho tiempo y dinero formar a un médico como para que los dejemos escapar, así como así. Pero la responsabilidad última es de los políticos. Los médicos y nosotros, los ciudadanos, somos las víctimas.

Pero mientras tanto, en la lucha política, algunos pretenden establecer una conexión directa Sanidad Pública – Comunidad de Madrid, como si sólo hubiera una Sanidad y esa fuera la de Madrid.

Si el comportamiento de cada Autonomía trata de imitar el que tuvo en su momento el Gobierno Central, ¿acaso no parece más lógico devolver las competencias al Gobierno Central en vez de multiplicar por 17 los gastos? ¿No saldrá más barato comprar Paracetamol en cantidades industriales a nivel España en vez de que cada Autonomía se pelee por comprarlo al mejor precio posible para ella? ¿Acaso durante el COVID no pretendió el Gobierno centralizar todas las compras con ese argumento? Otra cosa es que como son unos inútiles, fueron incapaces de resolver el problema y mientras el Gobierno parecía un boxeador aturdido, lanzando golpes sin ton ni son, Ayuso trajo 27 aviones llenos de material para los madrileños. Por eso, como no se podía consentir, se intentó involucrar (infructuosamente) a su hermano en alguna especie de chanchullo.

No alcanzo a comprender cómo se puede intentar que la calidad asistencial y los impuestos que pagan los madrileños por su Sanidad, se puede comparar con la de Murcia o Asturias. Son dos Autonomías radicalmente distintas. La población, el perfil, la extensión, el coste de la vida…¿Cómo se puede pretender que la carga impositiva de unos sea similar a la de su vecino para mantener esa equiparación en los servicios? La población de la Comunidad de Madrid es de casi 7 millones de habitantes; la de Murcia 1,5 millones aprox. El presupuesto de la C. Madrid en Sanidad son 9.000 millones de euros para el 2023 y el de Murcia unos 2.000. Madrid tiene 27 hospitales, de los cuales una docena o más, están considerados entre los 200 mejores del mundo.

Son magnitudes que no se pueden comparar.

Por eso, soy de la opinión de que las competencias sobre Sanidad, debieran revertir nuevamente al Gobierno Central. Del mismo que las de Educación.

De todas formas, mientras se hace ruido en La Castellana, se intenta que los españoles olviden la derogación de la sedición, la modificación de la malversación, la sentencia de los ERE, el indulto a los golpistas y el bodrio cósmico de la ley de la cajera del “sólo sí, es sí”.

© Carlos Usín

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